Por una política municipal de sostenibilidad | Fernando Prieto

Por una política municipal de sostenibilidad

Cambio climático, salud, biodiversidad y desigualdad como claves para la sostenibilidad en los municipios.

Los más de 8000 nuevos alcaldes han empezado   amediados de Junio de 2015 a tomar decisiones. Probablemente lo primero que miraran son los presupuestos municipales y las cuentas, exiguas en casi todos los casos, e insuficientes para muchas competencias y por supuesto para todos los proyectos imaginados. Seguro que los nuevos alcaldes, como primera medida, intentaran por todos los medios a su alcance solucionar o intentar paliar los casos de pobreza extrema, o los todavía más escandalosos casos de pobreza de niños (uno de cada diez según la Caixa), 840.000 en toda España que viven en un hogar con ingresos inferiores a 632 euros al mes, tendencia que además está aumentando.

Probablemente luego intentarán, seguro, poner todas las medidas a su alcance para luchar contra el paro, proteger las familias que tienen problemas para abastecerse de los suministros esenciales como el agua o la energía, detener los desahucios e intentarán disminuir la desigualdad social en su municipio, reto clave en cualquier democracia avanzada en el mundo.

Pero un alcalde sostenible tiene que ambicionar mucho más. Aspirará a una adecuada calidad de vida de sus ciudadanos. Se preocupará por la salud de los habitantes, y por ello de la contaminación atmosférica, de la mala calidad del aire. Informará y establecerá alertas tempranas para todos los ciudadanos, mejorando las redes de calidad del aire. Intentará reducir las emisiones del tráfico, señalizando los coches más contaminantes, todoterrenos, coches grandes y viejos, haciendo que las flotas de autobuses, taxis, repartidores, etc, sean menos contaminantes, buscando un modelo de transporte público, de coches compartidos, de alquiler de bicicletas y motos eléctricas. También bajará y controlara las emisiones de las industrias y energéticas, incluso de las pequeñas instalaciones que suponen una cuarta parte de las emisiones de algunos contaminantes.

También se preocupara por los contratos de residuos, que, en muchas ocasiones, se han firmado por décadas y buscará como establecer precios justos y adecuadas contratas. Intentará tender hacia modelos que disminuyan la producción de residuos y el reciclaje de todos los materiales buscando una transición hacia una economía circular,  de residuos cero. La separación de la materia orgánica, quizás sea un objetivo que hay que empezar a buscar.

También por supuesto, se preocupará por el abastecimiento del agua, de la calidad del recurso y del precio que pagan sus ciudadanos, de los sistemas concesión que en muchas ciudades gestionan servicios de aguas, por períodos acaso excesivamente largos. Con riesgos ciertos de que constituyan cabezas de puente para la privatización del servicio y su prestación con criterios de maximización de beneficios y no de satisfacción de necesidades y ejercicio de derechos. Ahí tendrá que analizar si el municipio es capaz de re-municipalizar el agua. Pero también deberá ocuparse de los vertidos del municipio. Dicen que lo más sostenible es tomar agua un poco más debajo de lo que se vierte. Claro que esto todavía es inviable, pero si es imprescindible que se tienda a que el 100% de las aguas estén depuradas y con tratamiento terciario. Los ríos no se deben oler como pasa en muchas partes de España.

La preocupación por la biodiversidad, es otro aspecto de futuro que deberá aumentar en las ciudades. Se fomentará que pueda haber más especies, incrementara las infraestructuras verdes, la conexión con los ríos y corredores naturales con parques y bosques ya existentes, las cubiertas verdes, los huertos urbanos, los jardines verticales, los sitios de nidificación. En fin, trabajará por una ciudad más verde, etc.

Otro aspecto fundamental es el cambio climático, la ciudad deberá hacerse más resiliente, (otra vez la palabra) deberán definirse y blindarse las infraestructuras claves para el cambio climático, desde la rehabilitación energética al abastecimiento y saneamiento, – y ahí las infraestructuras verdes son muy importantes- deberán preverse los efectos en los barrios y colectivos más vulnerables como ancianos y niños. Se deberán pronosticar los efectos de los aumentos de las temperaturas, (en las ciudades grandes agravados por el “efecto isla de calor”), de aumento de irregularidad en las precipitaciones y de escasez paulatina de los  recursos hídricos disponibles. También de los previsibles aumentos de consumo energético en verano, por el uso de aire acondicionado. el aumento en frecuencia e intensidad de los periodos de ola de calor, generara efectos sobre la salud de las personas. Por ello se deberá planificar la ciudad para el cambio climático.

El alcalde responsable y eficiente, también promoverá masivamente la instalación de energías renovables con el fin de emitir menos pero, también y sobre todo, de ahorrar costes y combustibles fósiles. Las enormes superficies de polideportivos, naves, instalaciones municipales se cubrirán paulatinamente de paneles solares, tanto para agua caliente como células fotovoltaicas. Aquí, los alcaldes de grandes ciudades podrán negociar con las grandes empresas eléctricas y es seguro que por cuestión de dimensión o escala serán capaces de alcanzar acuerdos beneficiosos para todos los ciudadanos y para el planeta. Además se implantaran sistemas de ahorro y aumento de eficiencia como lámparas LED, ayudas a rehabilitación, eficiencia energética, etc, etc.

Finalmente el alcalde promoverá la compra y contratación verde y dará ejemplo de comportamiento responsable sostenible en la gestión de los residuos, en el consumo de agua, de energía, en el ahorro en el uso de recursos. Todas estas actuaciones se harán con la máxima participación y explicando a los ciudadanos lo beneficioso que es ser sostenible y las ventajas que tiene para todos y para las generaciones futuras.

La sostenibilidad, como hemos visto tiene mucho que ver con la primera preocupación de nuestro alcalde y con las propias cuentas del municipio. Una adecuada gestión del agua o de los residuos o de la energía ahorrara dinero, mucho dinero y además generará empleo.  Una disminución de la contaminación ahorrara al sistema sanitario, una adecuada adaptación al cambio climático minimizará los riesgos futuros, etc.. Desde luego hay muchas más actuaciones relativas a problemas de congestión, a problemas de integración, de educación, sanidad, inmigración, etc. para conseguir un municipio sostenible pero algunas de estas medidas sugeridas pueden ser muy interesantes para crear esos espacios de sostenbilidad.

Dentro de cuatro años se podrá analizar la gestión municipal y ver que alcaldes han tenido un comportamiento más y menos sostenible. Se podría hacer cada año o cada seis meses, como se hace en sociedades más avanzadas y participativas, pero seguro que como mínimo se hace en ese momento. Se podrán evaluar las políticas aplicadas y la percepción que tienen los ciudadanos de estas políticas. No sabemos si los alcaldes más sostenibles volverán a ser elegidos, (en algunas ciudades que tenían proyectos con cierta visión, sí se ha producido como la Granja de San Ildefonso o Santander) pero sin duda estamos seguros, que los que hayan apostado por el medio ambiente y la sostenibilidad habrán dormido más tranquilos, sus ciudadanos habrán disfrutado de una mejor calidad de vida y habrán contribuido a un futuro más sostenible.

 

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